lunes, 16 de abril de 2018

God Has Called Me

By Aletha Gruzensky

                  "I hear you're leaving, Abram. Where are you, going?"
                  "Well, I'm not sure yet. But God has called me."
                  "Not sure yet! Come on, now. Be reasonable. If it were God calling you, surely He'd tell you where to go."
                  "God has called me."
                  "How do you know? Are you sure you aren't just saying God is calling you?"
                  Abram reflects for a moment. The university in Ur is one of the country's best schools. He has studied the disciplines. He has listened to the discussion-producing questions. How can a person know that God is calling him? Does God actually call people in our day? Sure, He talked to Adam and Eve, but that was a long time ago. How does God deal with people now? Why, thinks Abram, don't they ask God that? Maybe God has called them right here in Ur. How am I to know?
                  Abram swallows hard. "God has called me."
                  "But Abram, how do you know you aren't just rationalizing? Maybe you just don't want to stay here in Ur."
                  Yes, Abram thinks, by definition rationalization is an unconscious defense mechanism. But if it is unconscious, then how can I know whether I'm rationalizing? And if I can't know, how can someone outside my mind know? He shakes his head as if to clear it.
                  "I don't know," answers Abram. "But God has called me."
"Abram, think of your future. You have so much potential. We've watched you since you were a little boy. We love you. You could become a city leader. Think of your influence."
                  It is becoming harder to think. Abram has already asked himself what responsibility he owes his teachers and those who have had such great faith in him.
                  "And what about responsibility, Abram? Responsibility."
                  "Yes, responsibility," he muses. "God has called me."
                  "Have you thought about Sarai? City life suits her, you know. And is it wise to have your father make the trip? He's getting old."
                  Abram thinks of Sarai riding for days on the back of a camel, the sun beating down on her back or the rain drenching her hair. He sits down on a folded tent with a sigh. "God has called me."
                  "Abram, if God has really called you, why don't you do something useful? Stay in Ur and go to graduate school. Then you could teach outsiders. It's more sensible to learn all you can here, then maybe you'll know where to go.
                  Why is it, Abram wonders, that what seems sensible when I'm talking with friends doesn't seem sensible when I'm talking with God? And what seems sensible when I'm talking with God almost doesn't seem sensible when I'm talking with friends?
                  "Besides, Abram. you need society to develop your full potential. God needs well-rounded people."
                  True, he thinks, but what is well-rounded? He stares at the strap of his sandal. An ant carrying a white egg pauses a moment by his foot. Its antennae sway trying to check out the top of his foot.
"God has called me," Abram says softly.
                  "If you are truly called, why don't you do missionary work here in Ur? Look around you. There are so many people who need to know how to talk with God as you do. Why don't you stay and teach them? Or are we not good enough for you?"
                  Abram's head sinks into his hands. A dull ache grows somewhere inside his head.
                  "There, there, Abram. Don't let it worry you so. You see, some things in life are excellent in principle, but in reality, are wholly impractical."
                  The ache grows to a throbbing pain. "God has called me."
                  "You are downright stubborn, immature, a thankless sponger of Ur's bounties. There is no hope."
                  "God has called me," he whispers. "And God has His promises. God, You are God, the Creator. I will trust You."

                  "Abram stands, turns, and sets off for a place he doesn't know.

Insight, July 7, 1981

domingo, 31 de diciembre de 2017

Un año más


Un año nuevo a la puerta

Si estás en el umbral, ¿en cual habitación te encuentras —en la que acabas de dejar atrás o en la que estás por entrar?

Los umbrales son especiales porque son el puente de dos espacios. Por ejemplo, la puerta de entrada de una casa, ¿es la puerta hacia la casa o la puerta hacia el mundo afuera? Pues bien, es ambas cosas. Si estás en el umbral, ¿en cual habitación te encuentras?

Esa es la naturaleza especial del Año Nuevo, una ocasión que algunas veces escucho descrita como «el umbral» de un año (2017) a otro (2018). Cuando alguien dice: «Estamos en el umbral» sabemos que lo que quiere decir es que todavía reside en un lugar, pero está por entrar a otro.

La página del calendario cambia de un año a otro y nos cuesta trabajo recordar escribir el año correcto en los documentos. Estamos haciendo una transición psicológica a través del umbral del tiempo. Cruzamos un umbral de lo que es conocido, marcado y resumido a lo desconocido en donde la historia está por escribirse. Lo que ha de suceder está todavía por determinarse.

¿Cómo vamos a recibir al año nuevo? Muchos vamos a usar la ocasión para tomar resoluciones, aunque la experiencia nos dicta que por muy buenas que sean nuestras intenciones, raramente podemos llevarlas a cabo.  Ante el umbral de un año nuevo, tengo una lista de ese tipo de resoluciones que probablemente no sea muy distinta de la tuya. Dos de esos blancos son cosas que creo todos compartimos.

Quiero estar más predispuesto a la dirección de Dios durante el año nuevo. Las palabras del antiguo himno nos pueden servir como una plegaria a Dios cada día de «verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle más de cerca». No puedo pensar en una resolución más importante que esa. Qué las puertas de nuestro corazón estén abiertas a Dios en 2018.

El segundo blanco es estar más atento a las necesidades de quienes me rodean. «Ser una persona que abre puertas» es como Ralph Waldo Emerson lo puso. Mi resolución es que en 2018 sea más atento a los umbrales que representan las relaciones humanas. Que las relaciones que hemos establecido unos con otros sean portales para una mejor comunicación y comprensión de las vidas y las comunidades que hemos creado.


¡Feliz año nuevo! Que las bendiciones más ricas del cielo te acompañen en los días venideros y que el 2018 nos traiga muchas oportunidades para aprender, crecer y servir a los demás.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Moví la cerca

Se cuenta la historia de unos soldados americanos que estaban estacionados en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Durante el combate uno de ellos falleció a causa de una herida. Cuando sus compañeros lo iban a sepultar recordaron que era cristiano. Decidieron tratar de darle una sepultura cristiana.
Con bastante riesgo, encontraron una aldea con una pequeña iglesia y un cementerio, ambos rodeados por una cerca de piedra. Se acercaron al párroco y le preguntaron si podían enterrar a su amigo en el cementerio.
Cuando el párroco descubrió que el hombre había sido protestante, sacudió la cabeza con tristeza y explicó que a menos que su amigo hubiese sido bautizado en la religión de la iglesia no podía ser enterrado en el cementerio. Los soldados estaban frustrados y molestos, pero el párroco estaba firme en su decisión. Finalmente, les mostró un lugar justo fuera de la cerca donde podían enterrar a su amigo. A regañadientes hicieron como les dijo.
Al siguiente día los soldados retornaron al cementerio para prestar sus respetos finales a su camarada de armas, pero por alguna razón no había manera de encontrar la tumba. Pareciera que la tumba y su amigo habían desaparecido. Confundidos tocaron a la puerta de la iglesia y cuando el párroco abrió la puerta le exigieron una explicación.
El párroco les dijo que lo siguieran, los llevó a un lugar, justo dentro del cementerio. “Anoche no pude dormir”, les dijo. “Estaba molesto por no haberles permitido enterrar a su amigo dentro del cementerio”.
 “Así que moví la cerca”.

¿Puedes pensar en alguna cerca que puedas mover esta semana?

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El viaje definitivo


Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico...

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.


José Ramón Jiménez

jueves, 26 de octubre de 2017

En conmemoración del quinto centenario de la Reforma Protestante

Es probable que este domingo haya mucha conversación acerca de martillos en las iglesias protestantes —y en algunas congregaciones católicas.

Hace 500 años, el 31 de octubre de 1517, un joven monje católico —Martin Lutero— tomó un martillo consigo y clavó sus 95 Tesis, o argumentos, en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, en Alemania. Sus puntos se centraban en las prácticas de la iglesia —que Lutero consideraba estaban por encima de la autoridad de la iglesia, suplantando la autoridad de Dios. Nadie se hubiera imaginado a donde llevaría su acción.

Hoy en día lo que Lutero hizo ese día es considerado el inicio de la Reforma Protestante que ha tenido un impacto profundo en el cristianismo, la civilización occidental y el mundo entero. Después de 500 años es un monje con un martillo en la mano lo que simboliza ese momento.

Para Lutero fue el momento propicio. Con la ayuda de Johannes Gutenberg y su nueva imprenta las copias del documento de Lutero se regaron por Alemania en dos semanas y en toda Europa en dos meses.

En ese documento Martin Lutero desafiaba formalmente a los líderes de la iglesia sobre el tema de la venta de indulgencias y delineaba una doctrina bíblica de justificación solamente por la gracia. Su lema era «el justo vivirá por la fe» (Romanos 1:17). Martin Lutero dejó de ser el monje alemán con preguntas en su corazón para convertirse en el reformador más íntimamente asociado con el nacimiento del protestantismo.

Las acciones de Lutero fueron guiadas por otro versículo, en el libro de Hechos, que dice: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29, NVI). El valor de Lutero y su insistencia en «sola scriptura», la Biblia cómo la única autoridad de fe, son la piedra angular de la Reforma Protestante y fundamentales para mi propia fe adventista.

Para los protestantes, el quinto centenario del inicio de la Reforma ofrece una oportunidad especial para la reflexión y la renovación. Mi propia experiencia es un paralelo de lo que Lutero escribió: «Cuando descubrí [sola scriptura] nací de nuevo del Espíritu Santo. Las puertas del paraíso se abrieron de par en par y entré por ellas».


Los golpes del martillo de Lutero en la puerta de la iglesia todavía se escuchan.